Orígenes del pesebre

El pesebre artístico tal como ahora lo entendemos es fruto de un proceso histórico rico y complejo que ha recibido las influencias más diversas. En los estadios más lejanos, encontramos las fiestas paganas de la luz y del sol. Precedentes más próximos, los tenemos en la escultura no exenta, de temas navideños y, en parte, en las representaciones teatrales que se hacían en procesiones e iglesias. Estas costumbres cristalizaron en el siglo XIII, diversificados en vías cultas y vías populares, como por ejemplo “Autos Sacramentales” y, una vez desproveídas del inicial dogmatismo, en prácticas de pesebres vivientes y de pesebres de construcción plástica.

Con la caída del poder feudal, a las Órdenes Militares y Religiosas suceden otros, como por ejemplo la franciscana, que empiezan a acercar Dios al hombre. Al 1223, la efeméride de Greccio es el inicio de una etapa fundamental para el pesebre: las autorizaciones Papales, que devolvían la costumbre de las representaciones después de la prohibición de Inocencio III, la misma nobleza y la burguesía, órdenes religiosas como teatins, jesuitas, clarises y escolapios difunden la construcción del Nacimiento por todas partes, incluso como herramienta de formación y catequesis.

En cuanto al pesebrismo catalán, señalaremos varios hitos relevantes:

  • 1300, es documentada a la catedral de Barcelona una pieza de orfebrería y esmalte, representando un pesebre, según un inventario del 1562.
  • 1475, se menciona un embrionario mercado de figuras y elementos de pesebre al pórtico y cercanías de Sta. Caterina.
  • 1585, un inventario del canónigo Pere Bonavia documenta y certifica la existencia y difusión del pesebre o Nacimiento familiar.
  • Siglo XVII, la aparición del movimiento artístico barroco, supone un empujón trascendental y la portalada de entrada definitiva del pesebre al círculo de las artes mayores en plenitud. Expresivo, dinámico y optimista, buscando la unidad espacial y valorando el infinito y la perspectiva en el paisaje, concentrando el orbe hacia el centro de la luz, Dios, el barroco aporta una capacidad de lenguaje plástico sin límites y perfectamente adecuado a la temática y contexto del pesebrismo.
  • 1912, Antoni Moliné inventa el diorama artístico de pesebre. Con esto, culmina la técnica artística, adoptada en todo el mundo, susceptible, pero, siempre de innovaciones y aportaciones tecnológicas en materiales, recursos, herramientas y creatividad.

El diorama artístico de pesebre es una aportación de “la Escuela de Barcelona” al pesebrismo mundial.

El diorama artístico, de universal aplicación en cualquier disciplina susceptible de representación plástica, nace, pues, del genial pesebrista, en Antoni Moliné, de la Sociedad, primero, y de la Asociación, después, de Pesebristas de Barcelona. Es conveniente recordar que el pesebrismo, en el sentido que hoy tiene, se conoce ya a comienzos del siglo XIX, según testimonio de la prensa local de Barcelona. El perfecto maridaje entre diorama y pesebre fue el punto de partida de las posibilidades del diorama que Moliné descubrió en las fechas de la Navidad de 1912, cambiando definitivamente el estilo de construcción del balan y ofreciendo la novedad con total desprendimiento al mundo entero.

Él mismo narra que, en fechas próximas a la Navidad, había agotado las reservas de corcho con que se solían construir las montañas y relevos del pesebre. Al igual de cada año, estaba haciendo el Nacimiento por la comunidad de religiosas a las que pertenecía su hermana. Altamente preocupado por la contrariedad, recordó que junto al convento, unas paletas hacían obras. Directamente, se los pidió un poco de tiza. Le ofrecieron de coger todo el que le conviniera. Con este nuevo material, combinado con la arpillera, modeló todos los elementos, multiplicó el número de planes, siguiendo las normas de la perspectiva, dio profundidad, miniaturizó ordenadamente a medida de las necesidades de la composición, respetando las líneas de fuga. El nuevo sistema le permitía colorear, sombrear y aplicar las técnicas pictóricas. Este conjunto quedaba enmarcado por un emboquille que daba un toque definitivo a la obra plástica que, en realidad, era un cuadro en tres dimensiones, con la ventaja añadida que la visión podía ultrapasar los límites buscando y consiguiendo ángulos ocultos en la visión frontal. Había nacido el Diorama Artístico aplicado al Pesebre.

A. Stefanucci, ilustre pesebrista italiano, orgulloso y consciente de pertenecer en el país inventor del pesebre decía, aun así, que los italianos tenían una deuda con los amigos catalanes, reconociendo así la valía de la aportación que supuso la invención y el arte de los dioramas de pesebre de la Escuela de Barcelona.

(Nota . Texto Rafael García Villena)